Pocas
veces como ahora la irrelevancia había adquirido categoría de preocupación
social. Normalmente en una sociedad civilizada (y por supuesto no asumimos que
la dominicana lo sea) lo irrelevante, es decir, aquello que no influye en la vida
de las personas, es apartado de las preocupaciones cotidianas. La República Dominicana
con todo su folclore macondiano, por el contrario, hace de lo fatuo, lo baladí,
lo superficial Y lo irrelevante parte importante de su día a día, conversaciones
cotidianas y espacios en prensa y medios de comunicación.
Nos
referimos a la forma vergonzosa en que se eleva a tema digno de analizar
chismes de farándula, líos de redes sociales, vídeos y frases virales en
espacios internautas y frases y escándalos en sentido general. Lo preocupante sin embargo no es que el sin oficio común lo considere tema para cotilleo sino
ver espacios informativos darle cobertura a la separación o líos maritales de
fulano o mengano, a comentar o analizar cierto vídeo viral o escándalo de redes
y crear así un estado de opinión alrededor de temas intrascendentes que en la mayoría
de los casos son creados intencionalmente por los involucrados para recibir likes, trafico a sus redes sociales o
visibilidad en el mundo multimedia.
Vale
aclarar que no hacemos referencia a que la gente debe hablar exclusivamente de
esto o aquello. Las redes sociales ofertan una amplia gama de posibilidades de
intereses y naturalmente la vida y aspectos relacionados con los artistas y
figura de redes son del interés de una parte de los usuarios de estas vías. La preocupación
que motiva este escrito es sobre el papel que asumen los medios periodísticos dominicanos
de sobredimensionar el cotilleo farandulero y darle espacio informativo a
asuntos de poca valía sacrificando en muchas ocasiones la profundidad,
pertinencia y seriedad de su trabajo informativo
Es
entendible la desesperación de los medios informativos por labrarse público e
influencia en las plataformas digitales pero entendiéndolo como una herramienta
más para perfeccionar su misión de medio comunicativo: informar, orientar,
concienciar y entretener.
Y no
es cierto que desde un medio de comunicación se deba entretener de manera tan
poco profesional. Apelando a la ridiculización y a sacar provecho de situaciones
en ocasiones pensadas y planeadas por mero interés de views y likes. Un medio
debe estructurar un esfuerzo comunicativo serio, apostando a la calidad,
profundidad y permanencia en el tiempo no a la superficialidad malsana y estúpida.
El
asunto adquiere matices de vergüenza cuando son medios informativos de
prestigio quienes asumen la bandera de la irrelevancia como vía para creación de
contenidos e impacto en redes. No solo es preocupante porque estos deben ser celosos
con dejar una impronta ética y de calidad en sus contenidos sino porque
contribuyen a distraer el debate público de los asuntos que afectan al
colectivo y lo llevan a un estado de espectáculo constante y de cirquerizacion de la vida de los demás que
contribuye a la degradación de las sociedades y a su propio respeto como marca
informativa.
Un
medio periodístico es cosa más seria. Aunque se tenga secciones de espectáculo, la
irrelevancia, no entra en esta categoría. Una cosa es promover e informar sobre
artistas, espectáculos, obras o cine y distinto es crear algazara alrededor de personajes
que realmente sería difícil encasillarlos en una de las categorías del arte
mencionadas e identificar su real aporte a las artes más que como los
denominados creadores de contenido. Hay una línea fina entre informar sobre farándula
y farandulizar lo informado.
Los
medios informativos dominicanos no saben esa distinción.








